El suicidio es considerado uno de los factores más graves de los trastornos psiquiátricos, siendo la intencionalidad suicida una urgencia psiquiátrica. Los factores de riesgo suicida predominantes son la existencia de un trastorno mental y antecedentes de tentativas. A nivel epidemiológico se constata que aproximadamente el 90% de los casos de suicidios se relacionan con algún tipo de trastorno mental, concretamente con los trastornos afectivos, esquizofrenia, trastornos de ansiedad y trastornos de personalidad.
Desde ALAI-TP se hace especial hincapié en la relación trastornos de personalidad y riesgo suicida. De esta manera, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, la actuación de la Asociación se encuentra dirigida a medidas psicosociales y psicoeducativas cuyos objetivos son:
- Informar y sensibilizar a la población sobre la frecuencia y gravedad del problema.
- Disminuir la estigmatización social.
- Eliminar creencias erróneas en la población general.
Con respecto a la prevención del suicidio en la patología trastornos de personalidad, Rubio (1) indica que la prevención es difícil y la hospitalización no parece prevenir el suicidio, provocando en algunas ocasiones efectos negativos. Estos datos parecen estar en concordancia con la información reflejada en el Programa de Prevención de la Conducta Suicida. Sector Dreta Eixample que señala el suicidio, manifestado en cualquier tipo de enfermedad mental, como un síndrome pluricausal, en el cual intervienen no sólo factores sanitarios sino también psicosociológicos. Como consecuencia, la prevención es compleja y desde una perspectiva sanitaria la reducción de la mortalidad y la morbilidad debe ser considerada más en términos de aumento de la supervivencia después de un intento de suicidio y de reducción parcial de la mortalidad suicida (2).
La caracteriología propia de los trastornos de personalidad favorece la aparición de conducta suicida ya sea por la comorbilidad con otros trastornos mentales, la existencia de problemas de relación interpersonal y ajuste social, así como la vivencia de acontecimientos vitales como estresantes. Estos trastornos aumentan seis veces el riesgo de suicidio.
El 25% de los pacientes que realizan intentos de suicidio presentan un trastorno de la personalidad, siendo los más frecuentes el trastorno límite, el antisocial, el histriónico y el narcisista. Por tanto, se concluye que los pacientes con trastornos de la personalidad del grupo B son los que más comportamientos suicidas presentan debido principalmente a su impulsividad y comportamiento crónico autodestructivo.
Los intentos de suicidio repetidos se convierten, en la mayoría de casos, en una estrategia de afrontamiento del estrés, siendo la “función de comunicación” más relevante que la finalidad letal en sí misma. Los datos de las guías clínicas de la APA (3) indican que la mortalidad por suicidio en el trastorno límite de la personalidad llega a ser del 8-10%.
La psicoterapia se debe focalizar tanto para la evaluación del riesgo suicida como cuando se ha realizado un intento suicida, ya que en este último caso la valoración es importante por riesgo de una repetición de conducta autolítica o por riesgo de suicidio consumado. El modelo de intervención dirigido a pacientes con riesgo suicida se basa en los fundamentos asistenciales de un Programa Terapéutico Individualizado, cuyos principios básicos son:
- Prevención del suicidio consumado.
- Recidiva de los intentos de suicidio.
- Control de ideación suicida.
La empatía es una de las herramientas terapéuticas fundamentales en las entrevistas dirigidas a una intervención en crisis, constatándose, por tanto, la importancia de intentar realizar intervenciones no confrontativas, sino de escucha activa. En la mayoría de casos, el profesional debe manejar las reacciones contratransferenciales que aparecen en este tipo de entrevistas, ya que los pacientes suicidas pueden provocar sentimientos de angustia y preocupación.
Un eslabón importante en la “cadena preventiva” del suicidio en pacientes con trastornos de la personalidad, es la familia. El manejo de los comportamientos suicidas en dichos pacientes pasa por la implicación de la familia, la cual es importante tanto para obtener y corroborar información como para valorar el grado de apoyo familiar. Siempre que sea posible, es fundamental favorecer en los miembros de la unidad familiar o en personas del entorno del paciente un espacio físico que facilite la expresión de sentimientos presentes en este tipo de problemáticas: culpabilidad, hostilidad ante el “chantaje suicida”, temor, enfado, angustia, etc.
El suicidio es la crisis de duelo más difícil que ha de afrontar y resolver cualquier familia, esto evidencia la necesidad de incrementar acciones preventivas y de concienciación social para reducir los riesgos de suicidio.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
1. Bobes, J., Sáiz P.A., García-Portilla, M.P., Bascarán, M.T. y Bousoño, M. (2004): Comportamientos suicidas. Prevención y tratamiento. En V. Rubio, Comportamientos suicidas y trastorno de personalidad. Barcelona: Psiquiatría Editores (Ars Médica).
2. Tejedor, C. et al. (coord.) (2006): Programa de prevención de la conducta sucida. Sector Dreta Eixample. Barcelona; www.suicidioprevencion.com
3. American Psychiatric Association. Guías clínicas de tratamiento para el trastorno límite de la personalidad. Barcelona: Psiquiatría Editores (Ars Médica), 2002