El trastorno limite de la personalidad se encuentra dentro del cluster B de la clasificación diagnóstica y estadística de los trastornos mentales DSM.
Un trastorno de personalidad en general se caracteriza por ser un patrón de relación, percepción, comportamiento y pensamiento permanente e inflexible lo suficientemente serio como para causar angustia así como para impedir que quien lo padece se relacione plenamente con el entorno. Generalmente se manifiesta en la adolescencia o bien al principio de la edad adulta. El trastorno se mantiene estable a lo largo del tiempo, por lo que comporta malestar y perjuicios para el sujeto.
La característica central del trastorno limite de la personalidad es una acusada y continua INESTABILIDAD a nivel emocional, interpersonal y de identidad. Los criterios para el diagnóstico del trastorno límite de personalidad, según el DSM-IV, son los siguientes y deben cumplirse cinco o más:
1º Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario.
2º Relaciones interpersonales inestables e intensas.
3º Alteración de la identidad.
4º Impulsividad en al menos dos áreas.
5º Comportamientos, amenazas o intentos de suicidio recurrentes.
6º Inestabilidad afectiva.
7º Sentimientos crónicos de vacío.
8º Ira inapropiada e intensa.
9º Ideación paranoide y síntomas disociativos graves.
Todos los autores especializados en la materia coinciden en señalar que existen múltiples factores causales, de tipo biológico, psicosocial y de aprendizaje y que éstos interactúan entre sí de forma transaccional e interactiva y no unidireccional, de forma que los factores ambientales puedan modificar rasgos biológicos y viceversa. Parece ser que la carga genética en el caso del TLP es poco relevante respecto a la que pueda darse en otros trastornos. El pronóstico en el TLP viene condicionado por la edad de aparición de los primeros síntomas, la intensidad de los mismos y la presencia de ciertas conductas. Se estima que la prevalencia del trastorno límite de la personalidad sería el 2-3% de la población general.
Los familiares y los propios pacientes suelen encontrarse con los siguientes síntomas y problemas asociados:
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Dependencia extrema de la familia.
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Problemas graves de convivencia.
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Alto nivel de desempleo, absentismo e inestabilidad laboral por inadaptación a los ambientes laborales.
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Los afectados de TLP suelen padecer de forma alternante síntomas de otros trastornos psiquiátricos del eje I.
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Aumenta el riesgo de caer en adicciones; sobre todo de alcohol.
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El tratamiento supone un alto gasto sanitario porque el TLP es crónico.
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Riesgo para los hijos de los TLP.
Las conductas suicidas no son algo exclusivo del TLP. Aparecen en otros trastornos mentales e incluso de forma más grave como en el trastorno bipolar, la depresión o la esquizofrenia. Pero sí que son más características del TLP respecto a otros TP en que no suelen aparecer (sobre todo en los TP del cluster C). Se estima que aproximadamente un 70% de los TLP han tenido conductas de tipo suicida o parasuicida y entre un 8 y un 10 % consuman el suicidio.
Es muy frecuente que el diagnóstico borderline no aparezca solo, sino ligado a uno o más trastornos del eje I.
Comorbilidad con los siguientes trastornos del eje I:
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Trastornos del estado de ánimo (depresión 50%, distimia 70%, t. bipolar 15%).
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Trastorno por estrés post traumático 30%.
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De pánico y ansiedad.
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Trastornos de alimentación (bulimia 20%, anorexia 5%, obesidad 5%).
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Trastorno por abuso de sustancias 35% (alcohol 25%).
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Otros trastornos de personalidad: narcisista 25%, antisocial 25%, histriónico 15%.